El progreso de la #ia
Os preguntaréis porqué esta mujer que escribe, relaciona conceptos tan diferentes como es la electricidad, las ballenas y la controvertida inteligencia artificial.
Antes de entrar en el argumento deseo trasladar al lector que me gano la vida siendo profesora de informática y que estoy especializada en la Gestión de datos. Esto significa que como un jurista comprende las leyes, yo tengo más facilidad para comprender cuáles son las tripas de la inteligencia artificial, y como me gusta meditar los asuntos, tengo una elaborada una opinión al respecto. Asombrada como estoy de la cantidad de barbaridades que se publican bajo las etiquetas de #ia, #elonmusk, #samaltman y la categoría más debatida de todas, #trump.
Para los neófitos en el mundo de la computación, intentaré explicar las tripas de la #ia. Imaginad un gigantesco buque de carga y cientos de grúas cargando contenedores de colores en el buque. Hay una persona que mira la etiqueta del contenedor y los organiza por tamaños, apilándolos correctamente por puerto de destino, peso, secuencia de carga y compatibilidad entre cargas, etc. Esta labor de introducir contenedores en el buque corresponde al módulo de la #ia de recogida de datos. Aquí viene la inmensa labor que han hecho los programas de #ia en recoger toda la información de internet. Con bastante caradura, por cierto. A continuación, imaginemos la sala de máquinas del buque. En nuestra #ia, correspondería a programas informáticos de complejas matemáticas de estadística capaces de saber, con la mayor probabilidad, dónde va cada contenedor. La sala de máquinas ha aprendido, con solo un vistazo rápido a la etiqueta del contenedor, ordenar los contenedores mediante un patrón de reconocimiento.
Es decir, el buque sabe donde va el contender con una alta probabilidad, pero puede estar equivocado. Por eso, el chatgpt siempre contesta algo y te advierte que puede estar mal.
¿Os imagináis a este sistema de recogida de datos seguido de programas estadísticos siendo capaz de tomar conciencia de sí mismo y rebelarse ante el ser humano? No parece capaz, ¿verdad? Y no lo es; al menos como se entiende actualmente lo que conforma una #ia. Por lo que olvidar la rebelión de las #ias respecto a los humanos.
Sin embargo, hay actividades, tareas que, a poco que mejore su capacidad de aprender y elaborar mejores respuestas, sí son trabajos por los que muchísimos seres humanos cobran un salario. Y esto nos ubica en la misma situación que estuvieron los artesanos ingleses durante la época victoriana en plena revolución industrial.
Tal y como os conté en “La condesa binaria”, el padre de Ada Lovelace, el mismísimo Lord Byron, hizo la única defensa que la cámara de los Lores escuchó durante el siglo XIX. En aquellos momentos, un telar con máquina de vapor sustituía el trabajo de 24 personas por el de 1; por lo que directamente 23 se quedaban sin trabajo. Varones en su mayoría de cualquier edad, y sin ninguna otra opción más que mendigar. Esto alteró los ánimos hasta el punto de que, desesperados, alguno se lanzaba contra la máquina quemándola, con el deseo de recuperar el sustento digno para su familia.
Por entonces, los fabricantes adquirieron poder y se quejaron ampliamente por el ataque al progreso que estas incursiones provocaban.
El gobierno formado por la cámara de los lores simplificó la cuestión: pena de muerte o no a los artesanos que osaban atacar las máquinas.
Fue Lord Byron quien hizo un largo alegato intentando convencer que las vidas de los artesanos y sus familias eran más valiosas que las inertes máquinas y el beneficio de unos pocos. Pero perdió. Y, en aquel momento, los ingleses decidieron colgar de una soga a los insurrectos.
Pues ese pasado distópico podría reproducirse ahora si “los que cortan el bacalao” no deciden regularla.
En aquella época victoriana, los grandes mamíferos de 30 metros y 200 años de vida, las ballenas jorobadas, también fueron las jorobadas por los inventos de la época industrial. Su grasa era utilizada como aceite para la lumbre de las farolas. Sólo en Londres había más de 15000 farolas alumbrando los recovecos de la ciudad. Esto supuso la desaparición de más de dos millones de ballenas, quedando al borde de la extinción.
Seguro que os gustaría leer que el ser humano, disgustado por semejante atropello a la naturaleza y a la belleza más absoluta como puede ser ver una colosal ballena nadar con su ballenato por los océanos del ártico, decidió detener las muertes.
Pues no, la salvación de las ballenas fue por la llegada de la electricidad que sustituyó aquella lumbre con aceites por otra basada en el trabajo de Faraday ─entre otros─.
El hombre no supo parar las muertes de los artesanos, de las ballenas, de todo lo que quedaba atrás en pro del progreso y el dinero de pocos.
¿Seremos capaces de regular la #ia para que la gente que pierde sus trabajos no sufra?
¿Seremos capaces de aceptar la aportación de la #ia, con la adaptación de los trabajos de las personas, sin que haya pérdida masiva de ellos?
De momento, para la mayoría de los grandes líderes esto tiene poca relevancia. Y esto es, porque, por su mentalidad puramente transaccional, les importa la rentabilidad a corto plazo, las #memecoins y acumular, acumular para demostrar “quien la tiene más grande”.
No se diferencian de aquellos que decidieron que el funcionamiento de un telar con motor automático valía más que la vida de un ser humano.
¿Te preocupa ahora un poco más lo que la #ia sin regulación puede hacer?
No olvidemos el pasado.


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